Sobre el maltrato infantil, prevención ante posibles daños.

ENGENDRAR HIJOS.

Es una responsabilidad de tal magnitud que suele ser iniciada con el siguiente planteamiento: ¿Cuántos hijos deseamos tener?                                        

Algo que apunta en principio, a la participación activa de un hombre y una mujer interesados en tener hijos.

Esta pregunta bien pudiera ser catalogada como una premisa  básica en el mejor de los casos; dicho así, por la sencilla razón, de que no siempre este tipo de planteamiento previo es abordado por hombres y mujeres. Esta realidad pudiera ser observada  en los llamados embarazos inesperados, no deseados o considerados como accidentes humanos.

La penúltima etapa del Ciclo Vital de la existencia humana, denominada  “El nido vacío”, ejemplifica que hubo un tiempo anticipado en el cual las aves habilitan  un nido  construido  por ellas mismas para recibir a las crías; en el plano humano , operan  prácticas similares con un trasfondo   sociocultural  para la espera de los hijos.

Es y será de suma importancia el recorrido de los adultos  en la formación de sus  hijos desde la decisión de procrear, la  preparación del nido hasta la culminación  cuando solo queda el nido vacío.

Como hemos sejalado en párrafos anteriores: desde la concepción hasta la muerte, tanto la presencia del abuso y malos tratos , como también la prevención y la construcción de buenos tratos, estarán en las posibilidades de ser elegidos o descartados.

La prevención se inicia desde la idea de concebir, es algo tan propio y natural, frente a la necesidad intrínseca de la protección y  cuidados a seres humanos incapaces de cuidarse a sí mismos; como los hijos.

La conexión de dependencia física y emocional  en cuanto a la infancia se  presenta con un sello distintivo: lo natural. Dicha conexión con sus progenitores y cuidadores viabiliza el sentido de reciprocidad en dar y recibir amor y cuidados de tal naturaleza; que instala la prevención y afirmación de protección.

John Bowlby (1969/1982), elaboro una de las aproximaciones teóricas más contundentes en relación a la vinculación de los niños con las personas adultas con quienes  conectaban: sus padres o cuidadores. La Teoría del Apego resalta lo siguiente: Los niños para sobrevivir requieren figuras significativas “Maternas” o “Cuidadores”.

Cuando se realiza una mirada a la relevancia de los buenos tratos en las etapas del desarrollo humano; queda concluir lo siguiente: no será posible la formación de seres humanos equilibrados, con identidad propia, salud mental, con la ausencia de un vínculo de calidad, como lo ejemplifica Bowlby en uno de los cuatros tipos de apego en su teoría: “El apego” seguro.

La sensibilidad y las maneras de responder y actuar de las figuras  de los progenitores y cuidadores vinculados en el plano biológico o asignados para esa función, han de estar en los primeros números de la lista de requerimientos orientados a prevenir el daño, desde la concepción/embarazo, hasta que desarrollen las destrezas y habilidades para el auto-cuidado.

REPERCUSIONES DE LOS MALOS Y BUENOS TRATOS.

Solo señalaremos  una que otra práctica, para fines de ilustración:

  1. Automatizar la asistencia en los cuidados naturales. Dicho de otra manera, robotizar las atenciones obviando el vínculo emocional de la ternura, amor y cariño.
  2. Implementar prácticas de preferencia con un hijo, en detrimento de los demás hijos, lo esperado y saludable sería el trato humano y equilibrado a todos por igual.
  3. Entre descalificaciones y comparaciones a las afirmaciones y reconocimientos de reforzamientos a tiempo.

“ La prevención del maltrato en niños y adolescentes se inicia desde la decisión de tenerlos y la fecundación, hasta que crezcan y se desarrollen como personas hábiles para emprender el vuelo de la adultez: secuencia forjadora de bienestar y vida fructífera”.

Por Bienvenida González


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