La existencia de un ser nacido varón, con una imagen masculina es la que califica y le otorga sentido a la esencia de: “Ser Hombre”. Es una construcción humana con características propias: imagen física, estructura emocional y, condiciones espirituales, las cuales se entretejen formando su carácter y personalidad de quien ostenta tal imagen.
La estructura del hombre contiene características morfológicas distintas a la de la mujer; lo que le confiere unicidad como ser humano. Este es un hecho singular que engloba una belleza corporal. Poseedor de fuerza física y resistencia corporal ante tareas físicas y rigurosas.
En su historia biológica es concebido como varón, tal es su nacimiento y sus etapas de crecimiento físico y emocional. Llegar a la adultez conlleva desafíos hacia lo interno de su familia, su entorno y sociedad.
La hombría se corresponde con la realidad de “Ser hombre”, en su familia, en las interacciones sociales y de cara al mundo circundante. Desde la concepción se suceden intercambios relacionales de niño a hombre que se corresponden y normalizan entre la dependencia física-emocional hasta el desarrollo físico y la autonomía-emocional.
¿CÓMO DEFINIR AL HOMBRE?
La premisa que inicializa a esta pregunta es la más simple y compleja a la vez: “ El hombre es un ser humano de carne y huesos, elementos que orientan sus funciones físicas, las cuales se acompañan de intervenciones emocionales y espirituales”. Bda.Gzalez.
Ha sido un ser creado, con características especiales: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó…”. La Biblia.
SU EXISTENCIA TIENE COMO TRASFONDO UNA BASE DE SUSTENTACION.-
Esa base de sustentación es: “El Ciclo Vital”; el cual entrelaza las diferentes etapas de su vida, desde la niñez hasta la muerte. Las dinámicas que operan en cada etapa contribuyen a la formación de su desarrollo físico y su crecimiento emocional que lo convierten de niño a hombre.
La forja de su carácter le imprime una singularidad única la cual determina su personalidad; ese “Yo” personal que lo distingue del resto de sus iguales. No es un elemento de superioridad; más bien es lo que le confiere su individualidad y diferencia existencial.
EL DESEMPEÑO DEL HOMBRE.-
Pudiera estar entre dos imágenes : la del poder y la de la suavidad. Pudiera ocurrir que en sus etapas del ciclo vital se le inculque desarrollar a partir de su fuerza física la siguiente prescripción: “bajo cualquier circunstancia tienes que ser fuerte y proyectar una imagen de poder. Pareciera que ser hombre es un sinónimo de fuerza, poder y primacía. Creencia un tanto normalizada en cuanto al hecho de que: “Así, tiene que ser”, y el hombre que no ostente esa imagen; corre el riesgo de ser calificado como “Poco hombre”.
La imagen de suavidad pudiera ser vista como una descalificación en grado sumo, al punto de que en algunas maneras y formas, el hombre se perciba entre “Ser o no ser”.
La clásica expresión: “Los hombres no lloran” encaja y desencaja ante la mínima posibilidad de elegir entre el ejercicio de poder actuado y una manifestación de la vulnerabilidad humana, la cual opera en toda persona creada; y que incide en la construcción de sus emociones.
Walter Riso, guía el pensamiento ante la frase: “No es fácil ser varón”; en su obra Intimidades Masculinas. Para ello comparte el relato de una Jovencita de 19 años en su ideal de un hombre:
“Me gustaría que fuera seguro de sí mismo, pero que también saque su lado débil de vez en cuando; tierno y cariñoso, pero no empalagoso; exitoso, pero no obsesivo; que se haga cargo de una, pero que no sea absorbente; intelectual, pero que también sea hábil con las manos…”. Cuando terminó su larga descripción le contesté que un hombre así sería un interesante caso de personalidad múltiple”.
Moverse entre varias expectativas sociales desafían al hombre a tener que enfocarse y crear equilibrios para el manejo de su hombría; frente a lo que han sido las creencias, códigos y aprendizajes instalados desde su infancia.
Siguiendo el pensamiento de Walter Riso (1998): “No es tan sencillo ser, al mismo tiempo, fuerte y frágil, seguro y dependiente, rudo y tierno, ambicioso y desprendido, eficiente y tranquilo, agresivo y respetuoso, trabajador y casero”.
A esto señala de manera enfática que: “El desear alcanzar estos puntos intermedios…creó en la mayoría de los hombres un sentimiento de frustración permanente: no damos en el clavo”. Imaginar o elaborar la fantasía del hombre “Todoterreno”, el mago de los cuentos de hadas
LA AUTENCIDAD DEL HOMBRE.-
Sin la menor pretensión de cuestionar que tan auténtico o no sea el hombre, nuestro interés es invitar a la reflexión de “Ser Hombre”, desde una mirada masculina y femenina, como la nuestra. Eso importa y a la vez podría ser oportuno incursionar en un aspecto decisivo como lo es la intensidad del hombre.
La autenticidad involucra el ser real ,con una conexión coherente que se alinea con las maneras de pensar, sentir y ser en la vida. La autencidad es el sello de garantía personal que habilita al hombre para sus funciones vitales y sus realizaciones.
SER AUTOSUFICIENTES.-
Podría ser considerado como uno de los determinismos instalados hacia lo interno y externo de la vida de los hombres.
Por ejemplo, ¿Quién es Alejandro Batista? Él es un hombre autosuficiente y exitoso. La lista de elementos que sostienen esta afirmación suele inclinarse a lo que ha producido con el sudor de su frente o de su estimada sabiduría e inteligencia: “Una vida realizada; por lo tanto es un hombre de verdad”.
Hablar de autosuficiencia del hombre, podría no ser de todo entendida; si aplicara solo a los logros y éxitos que haya obtenido. La concepción de la vida desde el principio de los tiempos fue configurada con una base idiosincrática de la vida del hombre, en relación.
Por Bienvenida González


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