Una expresión que llegó para quedarse en las expectativas de hombres y mujeres que han cifrado sus esperanzas de cambios significativos en su vida en el punto intermedio del año concluido y el recién iniciado. Pareciera que se abre la posibilidad de lo que ayer no fue, hoy lo será.
¡LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE ES LA ESPERANZA!
En un relato real: L y B como amigas acordaron al final de cada año, escribir una lista de planes conjuntos para el próximo año. La añoranza embargaba sus vidas y emociones; al punto de que vez tras vez realizaban este ritual #1. Contaron varios años en este ejercicio. Adentrado el año nuevo se realizaba el ritual inconsciente #2: archivar cada planeación. ¡Mantuvieron y promovieron que lo último que se pierde es la esperanza! Esa esperanza que les motivada a realizar una tarea que, que les animaba a seguir viviendo.
¡AÑO VIEJO…AÑO NUEVO!
Descartar los hechos pasados en la vida de cualquier persona, familia o grupo social, es como pretender obviar tramos importantes en la existencia humana. Salvador Minuchin, Médico Psiquiatra planteo lo siguiente en su Marco Estructural Sistémico : “El pasado está contenido en el presente”; visto de esa manera se podría concluir que la historia gestada en la vida humana, tiene una incidencia en capital en el presente y futuro del quehacer humano. El año nuevo… lejos de borrar la vida vieja; la incorpora. Llegar a pensar que el “Año viejo” es descartable de manera automática y por qué sí, es como si se le impusiera una desarticulación al sentido de la vida. Por lo tanto; la transición de los años es una cuenta convencional de los registros de la historia de la humanidad, los cuales nos dispensan una utilidad asombrosa para asociar hechos, vivencias y por qué no: el haber nacido, haber vivido y el término de la existencia física en este mundo.
¡FELIZ NAVIDAD!
Solemos incorporar esta expresión como el saludo habitual e incorporado en las mentes y expresiones de la gente, solo en el período navideño. Los saludos verbales y escritos para personas conocidas y no conocidas, llevan esta marca tradicional, sobre todo en regiones donde se ha levantado la bandera del cristianismo. ¡Es el espíritu de la navidad que envuelve y del cual no es tan fácil evadir! Los saludos habituales en el resto del año, suelen ser reemplazados por esta expresión clásica de carácter religioso y sociocultural justo al final del conteo de los trescientos sesenta y cinco días del año.
El nacimiento de Jesús se conmemora y este evento trascendente fue, es y será un bien invaluable para el mundo; de ahí que su evocación en cuanto a la celebración del mismo se asocia a la felicidad y esperanza bienaventurada. Esta expresión articulada se corresponde con la real realidad de este gran acontecimiento: el nacimiento de Jesús. ¡Felicidad por partida doble!
EL DESEO DE UN PRÓSPERO AÑO NUEVO
Esta expresión contiene una carga de orden físico, emocional y espiritual. Prosperar involucra distintos indicadores en la existencia humana. Que el futuro sea próspero encaja en las expectativas en el plano individual y colectivo. Lo que se haya planificado para alcanzar metas con objetivos viables orienta hacia la prosperidad, crecer y avanzar. Lo próspero es sinónimo de logros, crecimiento, madurez emocional y de triunfos, entre otros aspectos. Ahora bien, desear la prosperidad para todo el año entrante encaja en uno o el mayor deseo posible para alguien en particular.
Aplicar significado a este deseo recibido implicara una ardua tarea para quien lo reciba. ¿Es tanto el anhelo del corazón de quien se constituya en emisario del mismo? ¿Quienes reciben de manera verbal, cantada o escrita este deseo, que tan consciente estarán de tal envergadura?
Cualquier plano que envuelva el deseo de un próspero año nuevo, sea físico, emocional y espiritual, sugiere según sea el caso y las personas a quienes les llegue, una gran bendición. Pensemos en la posibilidad de una repetición vana y con poco o ningún sentido; como también en una fuente genuina de buena voluntad y corazón henchido de amor para desear: ¡Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo!
Por Bienvenida González


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