Toda construcción de la relación de pareja, lejos de realizarse por arte de magia, requerirá de elementos claves que han de ser trabajados al pasar el tiempo. Una construcción de manera necesaria; involucra dinámicas a ser observadas, para realizar los cuidados necesarios en su elaboración y el consiguiente mantenimiento. No bastará construir; aun sea una construcción con terminación de primera clase y por demás sofisticada.
La analogía de la construcción aplicada a la relación de pareja no prefigura el uso de materiales físicos, fríos, que ni sienten ni padecen con ausencia existencial de vida.
Entonces pudiéramos pensar en lo siguiente: ¿qué ha inducido a pensadores y escritores y a gente común y corriente a emplear este concepto de la construcción a la dinámica relacional entre un hombre y una mujer?
Intentaremos compartir algunas ideas posibles de ser empleadas, para elaborar una concepción a la luz de la analogía de la construcción y/o reforzar la misma en caso del uso intencional previo, aplicado a la relación de pareja.
Un matrimonio o relación de pareja suele tener en el trasfondo de la misma, luces y sombras tanto del hombre como de la mujer. ¡Las exoneraciones no aplican en este contexto relacional! No hay cabida para calificar a una persona buena en su totalidad y libre de acciones incongruentes; como tampoco calificar a la otra persona como mala. Esta es una realidad incontrovertible.
Existen realidades físicas y emocionales; que de una u otra manera inciden en la relación. Estar al tanto de que cada persona de la pareja tiene su propia historia de vida, sus carencias, sus temas resueltos o no y su cosmovisión de la vida como también la concepción del matrimonio.
¡Cada persona se une en el vínculo del matrimonio llevando en su maleta elementos cruciales de su familia de origen, una lista de experiencias, logros y frustraciones, sueños y fantasías!
Una relación de pareja en primera y última instancia requiere que la misma esté formada por personas adultas. Esta idea pudiera tener algún tipo de objeción de quienes adopten una actitud de flexibilidad y permisibilidad frente a las uniones entre púberes y adolescentes.
Lo cierto es que, cuando se enfoca la adultez en la construcción de una relación de parejas, cobra sentido el hecho de que una persona adulta, garantizaría en el menor de los casos la conciencia del ¿Por qué y el para qué? somos una pareja.
Alejandro De Balbieri (2022) en su libro: “La Vida en Tus Manos”, plantea el énfasis en la persona adulta como la indicada para hacerse cargo de sí misma. Si parafraseamos esta afirmación diríamos: “Hazte cargo de ti mismo”.
No existe otra manera en que la persona decida y opte por vivir de manera responsable. El enfoque de Barbieri se alinea con la bella pluma del escritor bíblico, Pablo quien plantea de manera categórica: “Cuando era niño hablaba como niño y razonaba como niño. Pero ya de adulto, deje de comportarme como niño”.
Barbieri plantea: “Se precisan adultos que sean adultos”. Sustenta este planteamiento con el siguiente pensamiento: “Se precisan adultos con esperanza, en fin adultos, por favor adultos”.
Si extrapolamos estos conceptos a lo planteado con anterioridad en cuanto a la construcción de una relación de pareja, la cual ha de precisar que esté formada por personas adultas; pudiéramos darnos el permiso de ver la luz al final del túnel.
RITOS PARA LA CONSTRUCCION. –
Los rituales o ritos de pasaje en la construcción de una relación de pareja adquieren un significado esencial que se direcciona hacia la permanencia de la relación.
¿A que nos referimos cuando hablamos de rituales o ritos de pareja?
Nos estamos refiriendo de manera precisa a aquellas acciones sustentadas en momentos y tiempos puntuales que le permiten a la pareja en el plano físico, emocional y espiritual la realización de una secuencia de hechos con categorías simbólicas; y que a su vez, contribuyen a la consolidación de la relación.
Vista la construcción como un proceso relevante e impostergable en la vida de un hombre y una mujer; quienes han tomado la decisión como personas adultas para vivir en pareja, invitamos a la reflexión en cuanto a los siguientes rituales o ritos de pasaje.
DEJAR… el primer ritual relevante.
Las llamadas despedidas de solteros, encuentros sociales en los cuales se despide la etapa de la soltería para que los novios inicien la etapa de casados. Independientemente al contenido sociocultural, quienes participan ¿qué tan conscientes están que este evento tiene un carácter simbólico de despedida real?
¿Y los que han sido despedidos; optan por el espíritu de la fiesta de despedida, o, asumen su propia realidad de la independencia a la interdependencia marital? ¡Es un ritual en todo el sentido de la palabra!
Una práctica ligada a esta, es la que realizan determinadas familias cuando celebran con el hijo o hija su partida. Se suele entregar un regalo preferiblemente de un material y forma simbólica de que ya dejaran de ser hijo o hija bajo el techo de sus padres y hermanos.
Este ritual establece un antes y un después: volarás con tus propias alas, ya dejaras de regirte bajo los permisos nuestros y rendición de cuentas. ¡Serás parte del contexto de las parejas casadas con su propia autonomía! Con límites claros y responsabilidades adultas.
¿Qué significa dejar en todo el sentido de la palabra? ¿Abandonar a los padres, amigos y relacionados? No, necesariamente.
Es asumir la adultez optando por la formación de construir una tienda separada y hacerse cargo de sus deberes, responsabilidades y compromisos. ¡Ya no seré guiado como un niño; como una niña…soy un hombre; soy una mujer!
UNIRSE…el segundo ritual relevante.
Es el ritual público – las más de las veces- que anuncia la identidad de la relación de pareja. Un acuerdo, un pacto que entrelaza la voluntad mutua entre dos expresiones clásicas: “Sí acepto y he decidido estar y vivir contigo, ante cualquier circunstancia de índole predecible y no predecible”. Estoy contigo, para ti …construyamos nuestro nido de amor
SER… el tercer ritual relevante.
Este es un ritual que implica un proceso, lejos de ser automático, guía a la relación de pareja a introducir un elemento de paciencia, tolerancia y prueba de amor. Es algo que trasciende a la llamada “Luna de Miel” y que en términos prácticos contribuye a la permanencia de las sonrisas y a su vez de las lágrimas también.
El relato bíblico orienta la mirada hacia lo estipulado en el plano espiritual: y nos plantea que “Serán una sola carne”. Prescripción cuestionada por unos y aceptadas por otros; y que ha levantado la interrogante de cómo podría producirse algo similar. Varias opiniones e interpretaciones han transitado por distintos escritorios y medios de interpretación y opiniones públicas.
El Dr. Paúl Tournier, un profesional de la medicina y excelente pluma, articulo y trabajo con la persona a quien le imprimió un valor y concepción de una “persona entera”. Viene a colación la excelente apreciación que realiza su colega el Dr. Bovet, cuando este alude al concepto Criatura/ser vivo – con un trasfondo hebreo- y lo asocia en un lenguaje moderno: “El hombre y la mujer son hechos una nueva criatura, una entidad, un todo”.
EL Dr. Th. Bovet, plantea que el concepto “persona” es diferente al de “Individuo” pues encarna el todo de un organismo, que no es más que la unión de células; la unidad del cuerpo, alma y espíritu. Concluye que dada la ecuación bíblica de que Dios es una persona; por lo tanto el hombre y la mujer al ser una sola carne, se convierte la pareja en una persona. (pag. 125. La Armonía Conyugal de Paul Tournier).
La unidad monolítica del hombre y la mujer en el ritual de ser una sola carne, guía a una valoración de la existencia de la construcción en la relación de pareja.
Por Bienvenida González


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