Ser hombre y sus implicaciones

Cuando se está frente a una figura masculina la apreciación sobre su imagen, bien podría adecuarse a unas expectativas en algunas situaciones pre-elaboradas sobre sus funciones de ser hijo, hermano, esposo y padre.  El contexto sociocultural también participa de manera activa.

En esas dinámicas se conjugan el “como debe ser y que ha de realizar” para que se le catalogue como un hombre. Estos perfiles se van construyendo desde su nacimiento hasta la adultez; y en este proceso la verificación de sus actitudes y conductas no se deja esperar, las cuales han de estar ajustadas a su hombría. ¡Una gama de situaciones planeadas o no; negativas o positivas se insertan en la vida de un hombre!

En este punto específico, Walter Riso dice: “No es tan fácil ser varón”. El énfasis en invertir en la crianza del varón de parte de los progenitores en el día a día, da cabida y valida sus preocupaciones, por consiguiente frente a los niños y las niñas, establecen límites y prescripciones específicas que se acomoden a la formación distinta entre unos y otras.  

 Esta realidad en la construcción de la hombría –la cualidad de ser hombre- ha contribuido a la articulación de frases clásicas como las siguientes:

 “Los hombres no lloran”,Sed fuerte, pero no seas machista” “Sed sensible sin ser débil”Los abrazos y besos, para las niñas, una palmada en el hombro para los niños” “Compórtate bien, eres su hermano mayor”. “Amarren su gallina que mi gallo anda suelto”

Estas frases han sido analizadas y cuestionadas por expertos que han interpretado desde diferentes ángulos las implicaciones de las mismas en cuanto a realizar una mirada integradora de la persona del hombre. No obstante, se observa en las mismas una desarticulación soterrada que distorsionan al hombre como un ser persona; existe entre ellas un hilo conductor que entrelazan una percepción muy distante de la realidad del hombre como tal.  

El hombre como proveedor.-

       Oliver, Gary J. (1995), nos señala en su texto “La Masculinidad ante las Encrucijadas, una realidad que le ha dado de frente a los hombres: “La mayoría de los hombres han buscado la excelencia como proveedores, máquinas trabajadoras, y ejecutivos; pero se ha descuidado todo lo demás: ha sufrido. ¡En los últimos años hemos descubierto que el ser hombre implica muchas cosas que pueden ser dañinas para la salud emocional”.

Este pensamiento de Oliver, conecta con las expectativas elaboradas acerca del hombre y su rol clásico como figura de autoridad en su entorno familiar, sociocultural y económico, quien suele ser visto como el responsable principal de hacerse cargo de su familia, ya sea de sus progenitores o, de su familia creada.

Lo antes expuesto es una realidad que enlaza con el sistema habitual de la crianza; aun con determinadas excepciones. Oliver señala: “a la crianza de los niños se le da un enfoque hacia afuera, hacia el mundo y las otras personas. A las niñas se les enfoca hacia adentro, hacia la seguridad, la cordialidad y la comodidad de los padres”.

El síndrome de la hombría, la cualidad propia del hombre que enfatiza sobre la masculinidad, virilidad, valentía, fortaleza, energía y el valor entre otros, toma acción en los objetivos de crianza del varón; es algo que suele no entrar en discusión; ni en negociación alguna: “Sé hombre”

“El hombre es de la calle”, esta es una idea construida y promovida desde diferentes concepciones al punto de que si un hombre suele ser “hogareño”, ya sea por razones de no contar con un medio de producción o alguna limitante de salud, o simplemente opte por estar en la casa, corre el riesgo de ser cuestionado. Hoy en día los hombres han encontrado en este sentido una alternativa con el trabajo a remoto o en línea.

De cumplir en términos reales que es de la calle; intensificara hacia lo externo de su familia de origen o actual lo que se ha denominado como las distancias físicas y emocionales.    

No es menos cierto que las últimas décadas se han producido cambios estructurales en el ámbito laboral socioeconómico, los cuales han contribuido a la inserción y flexibilidad tanto de hombres como de mujeres en el quehacer de la producción de recursos. Sin embargo, en el imaginario del hombre su visión de proveedor suele ser sostenida.

El trabajo para el hombre constituye uno de los pilares de su identidad y dignidad humana; lo cual le permite establecer una rutina y compromiso consigo mismo y por consiguiente un sentido de autovaloración. Aun así, la posibilidad de la fatiga de hombres frente al trabajo, es una realidad. Algunos anhelan continuar en su trabajo; otros manifiestan lo opuesto,

Jim Conway dice:

“Una y otra vez escucho a hombres en la mediana edad hablando en cuanto al tremendo gozo que será dejar su trabajo. Muchos hombres sienten que su trabajo les consume tanto tiempo y energías que no tienen tiempo para establecer su propia identidad”.

La concepción de que lo más importante en la vida para el hombre es su trabajo, amerita ser replanteado por el hombre en sí mismo y por su entorno de relaciones.  

 «El hombre un ser persona.-

Tú como hombre, tienes mínimo cuatro opciones de vida que te desafían: la primera es tu propia persona a la que has de rendir cuentas de cómo piensas, que sientes y que te mueve a realizar. La segunda es tu contexto familiar ya sea el de tu familia de origen donde te formaste, o, tu familia actual donde tienes compromisos. La tercera es de cara a la sociedad, cuáles son tus aportes, que dejas de ti mismo en ese contexto en el cual participas y te nutres a la vez. La cuarta es todo lo concerniente a tu espiritualidad y conexión. Los desafíos estarán presentes mientras vivas, pues aún al final de tus días cerraras con broche de oro o no, tú existencia”.

Por Bienvenida González


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